4/5/07

Fallas de percepcion

Era de noche y hacia frío. Por la ventana entreabierta no solo se colaba un aire fresco que congelaba hasta las ideas sino también una tenue luz de luna que mostraba el lado siniestro de las cosas que poblaban la habitación, llenándolas de sombra y misterio. Esteban, acostado en su cama, se debatía si valía la pena levantarse y enfrentar el frío para cerrar la ventana, o si era mejor esta postura pasiva, cómoda, que estaba tomando. Con desgano miro lo que parecía ser la sombra de una colcha que yacía en el suelo junto al escritorio, “otra posible opción” pensó mientras seguía acostado boca abajo, pero estaba lejos, y habría que levantarse igual.
El poco abrigo que poseía acostado estaba empezando a hacerse notar. Tiritaba esteban entre pequeños suspiros que precedían un debate interno sobre si levantarse, a estas alturas de la noche, seria conveniente. Mejor dormir, aprovechar el tiempo, el día iba a ser largo. Pero el frió, las enfermedades.
Tomando coraje salió de debajo de las sabanas, se paró tiritando y esquivó algunas cosas camino a la ventana solo para darse cuenta de que estaba amaneciendo y ya se acercaba la hora de ir a trabajar. “Si me duermo ahora no me levanto mas” pensó. Prendió la luz, aun la claridad del día no era total, y tomo los pantalones que estaban sobre la silla. Al terminar de vestirse noto que su ropa le quedaba algo grande y sin darle importancia desayunó, tomó el portafolio y salió a la calle.
Al salir, se dirigió a la parada del colectivo admirando las calles llenas de otoño. Por algún extraño motivo sentía algo raro en sus brazos, sus piernas, sus manos, su cuerpo. Vio llegar el colectivo, y, moviendo la cabeza como para despabilarse, subió en el.
Una vez dentro de este, tomo asiento junto a un señor que, apoyada la cabeza en la ventanilla, parecía dormir placidamente. Esteban miro sus pies, sentía que los zapatos le quedaban gigantes, y eso, le resulto completamente extraño. El nunca compraba nada que no le quedara bien, acorde a su tamaño. Mientras distraído meditaba sobre que podía estar sucediendo con sus pies, pudo observar, junto a una de las patas del asiento delantero a una personita, del tamaño de un vaso pequeño. Atónito, desorbitados los ojos, se acerco para verlo mejor.
Una vez cerca pudo ver que esta personita se reía mientras lo miraba. “¿De que te reís?” pregunto esteban intrigado por el origen de esta extraña persona. “ De vos, serás el mas pequeño de todos”. Esta respuesta le causo mucha gracia a esteban que se paraba por que debía bajarse.
Toda la mañana trabajo esteban pensando en el comentario de aquel atípico personaje, mientras poco a poco el notaba que sus vestiduras le iban quedando cada vez mas grande. Estaba empequeñeciendo.
El pánico lo invadió por completo. Se paró, y apenas sobresalía por arriba de su escritorio, si seguía así las ropas lo aplastarían, pensaba Esteban que procedió a sacarse las vestiduras. Todo, absolutamente todo cambiaba de proporciones para él, los escalones se convertían en precipicios, los cajones de los muebles abismos, las habitaciones interminables desiertos.
Acurrucado, cansado y con un sudor frío que le recorría todo el cuerpo, esteban se acostó sobre su saco que yacía en el suelo, rogando que alguien lo viese antes de pisarlo y le brindase la ayuda que tanto estaba necesitando. Al entrar un compañero de oficina pudo ver a esteban, con el mismo tamaño que siempre tuvo y tendra, acurrucado en el suelo, desnudo y temblando de frío.

3 comentarios:

María dijo...

El final le da calidad al cuento. Me gusta.
A este no lo voy a hiperanalizar^^ por respeto a vos:p
Besos... nos vemos...

Gaviota dijo...

Bellísima historia... sin más comentarios.

*AntagoniSta* dijo...

El frío de Esteban me traspasó los poros, no pude evitar cerrar las ventanas y friccionarme las manos heladas.

Será que malos sueños tenemos todos, y más de una vez en la vida no sentimos tan diminutos y tan estebanizados... en fin, pinta para largo divague, pero tengo los dedos congelados y de repente algo me hace sentir que el teclado está cobrando una dimensión extraña, o seré yo quien en realidad estoy sintiendo diminuta mi dimensión... ups!

besotes helados!