2/1/07

Ensimismamiento

Raúl se sentó en su sillón favorito, frente al gran ventanal que daba al jardín, en aquel cuarto amplio lleno de libros apilados como muros formando así una inútil y frágil fortaleza, donde el creía refugiarse del dolor que le causaba el sabor de la realidad en los hombros, la espalda, la cabeza, las piernas, pero sobre todo en la cabeza. Así, sentado, mientras afuera las nubes grises poblaban aquel cielo triste que aparecía por sobre las petunias y el tapial, tomo un libro, una novela con una tapa azul, y comenzó a leer.
Al llegar a la quinta pagina, lo que había comenzado con una tímida llovizna amenazaba con ser un huracán. Las calles se llenaban poco a poco del agua, que, violentamente, se llevaba todo a su paso. El viento lastimaba los árboles, meciendo algunos y arrancando a otros, y golpeaba las ventanas que no habían sido cerradas. A Raúl esto no le importaba, el leía y leía, sin reparar en que afuera, el cielo parecía estar viniéndose abajo y que el agua, que tan violentamente recorría las calles, ahora le mojaba apenas los pies y los libros que estaban en la base de las murallas.
Al llegar a la pagina numero cincuenta, afuera ya nada quedaba en las calles que obstaculizara el avance del agua, que con furia golpeaba lo que se cruzara en su camino sean autos, motos, personas, botes, pero sobre todo autos. Las murallas de su fortaleza se tambaleaban sobre su peso mientras el nivel del agua subía cada vez más, y, a pesar de que el agua le mojaba la rodilla y ya arruinaba su sillón favorito, Raúl no paraba de leer su novela.
Al llegar a la pagina ochenta, las paredes que antes le servían de psicológica protección caían sobre el agua desde las alturas, desplomándose en estruendorosos sonidos de tapas duras chocando ente si, por que los libros de tapas blandas se dejaban caer silenciosos frente a la muerte que significaba el agua para sus hojas, y Raúl, que ya tenia el agua por el pecho, cansado de leer, cerro el libro, se paro y atravesó el umbral de su fortaleza para salir a la calle que estaba seca bajo un sol radiante en un cielo despejado, sobre una ciudad que hace meses que no ve lluvia.

8 comentarios:

ezquerro dijo...

ooh, buenisimo el relato, me gustò mucho.

felicitaciones. feliz 2007.

·.·´¯`·)»♥*FLoR*♥«(·´¯`·.· dijo...

Tuve que esperar un nuevo año para leer el cuento terminado...(la espera valio la pena) muy bueno...me encanto! Siga asi Sr. B
Feliz Año... Besos!!!

jorge angel dijo...

sin duda, el mejor relato que te he leído hasta ahora, felicidades.

abrazos

Laura.. dijo...

Qué buen cuento!!!

La dama de vidrio dijo...

Me fascina...
Simplemente genial...

Sirena Varada dijo...

Precioso relato, bonito blog. Mis felicitaciones. Un saludo!!

Mundo Yao Ming dijo...

volvi, pegate una vuelta por el mio

Francisco Murillo dijo...

Llevás, inevitablemente, el olor de Cortázar, Y lo aprovechás muy bien. Un abrazo, Fran.