26/8/10

Revelaciones

Durante la noche, Sergio en un sueño había tenido una revelación. Dejaría todo. Su palacio, su territorio, su pueblo, sus pertenencias, sus amantes y así, encontraría la felicidad. El sueño era claro sobre esto. Debía dejar atrás absolutamente todo.
Al despertarse, vio la luz del sol a través de las cortinas blancas, afuera el otoño le llegaba como oro, nunca había visto nada tan bello, y a la vez supo que siempre lo había prescenciado. Era su revelación, la sabiduría, actuando en ese mismo instante. Con una sonrisa, que revelaba toda la paz en la que ahora se hallaba sumergido, salio de debajo de las colchas, caminó dos pasos hacia la luz y abrió los brazos.
La puerta de la habitación sonó a sus espaldas. Sergio se dio vuelta, miró con sorprendente benevolencia a su súbdito, le sonrió como un padre a un hijo, y con una ternura involuntaria y gigantesta, rozando suavemente el pelo de su sirviente dijo: "Hoy renuncio a mi reino. Abdico a mi trono, a mis pertenencias, me entrego voluntario, a la felicidad".
_Usted no tiene ningún reino_. Dijo el enfermero.
_ En efecto, ya no tengo ningún reino, nunca mas_. Respondió Sergio con aire de sabiduría, irradiando una extraña aura de paz y luz.
A los días, luego de aquel episodio, que había alarmado, pero de buena manera al enfermero, le dieron el alta a Sergio, sin comprender que habia sucedido realmente.





3 comentarios:

egolastra dijo...

Supongo que la muerte, cuando no viene decidida, tiene un efecto placebo y desemboca en más vida.

Anónimo dijo...

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María dijo...

Estás místico, che.
Me gustó mucho éste. El enfermero no entiende nada de la vida... pobre...