5/12/06

Carlos y Silvia ( parte II )

Apenas entro, con su típica e involuntaria desatención, por arte de las casualidades de la vida, se fijo en ella, tan alegre, tan bella, sentada allí riendo, dibujando paisajes con su bello rostro en aquel bar. En ese momento, el miedo lo inundo, y fingiendo no haber sentido el milagro al cruzarse las miradas, siguió camino hacia uno de los rincones de aquel bar. Desde ese su pequeño refugio, no podía hacer otra cosa mas que pensar en ella, asomándose por enzima del humo y las cabezas, para verla, queriendo recibir un poco del calor de su mirada. Nunca había sentido algo como en lo que su interior estaba sucediendo, las cosquillas, el nerviosismo, las ganas de reír, de cantar, de bailar, de volar, soñar, tomar su mano. Se paró, caminaba , sus piernas ya no le respondian, la atraccion y el deseo del contacto eran mas fuerte que sus vanos intentos de recurrir a la razon . Se acerco a ella, y el mundo dejo de ser mundo, dejo de ser material, no había nada allí ni en todo el universo mas que sus cuerpos.
Que placer sentía él, al probar la miel de su sonrisa, que cual una suave brisa, acariciaba sus sueños mas dorados. Y así, los minutos días fueron, y los días alegría.Las noches eran de alquimia. Sus cuerpos se fundían entre sudores y sonrisas, entre el humo del tabaco y el suave ritmo del blues que ella aprendía a querer de a poco, y eran uno y todos, eran galaxias y estrellas que chocaban y danzaban.Cada minuto que pasaba, él con mas seguridad sentía que el paraíso estaba tapizado con su cuerpo y que las mañanas comenzaban en los ocasos. Así perdió toda noción del tiempo y del espacio, pero que tiempo valía si no era el que corría entre sus brazos, todo espacio era vació sin sus ojos, su pelo, su cara, su cuerpo.Una noche sin luna, la encontró llorando de tristeza y supo de que estaban hechas sus pesadillas. También aprendió un nombre que se clavo en su pecho cual una espina, cual una cruz, un látigo.Así comprendió, que el amor era mas fuerte que cualquier alegato de razón, y que por motivos del corazón, barrería el mundo por su alegría. No había precio por verla sonreír, y algo eclipsaba sus motivos.Sintiéndose mas hombre de lo que era, habiéndose convencido por amor, por ella, por este nuevo paraíso, le juro entregar su vida por su felicidad, y cual una sirena, ella canto para él sus penas.Días después, fuerte cual una piedra, liviano cual una pluma, estando bajo el efecto de sus caricias, con un cuchillo bajo la camisa, salio a cazar el fantasma que atormentaba los días de su amada.El nombre de aquella persona, Raúl Castaño, retumbaba en el eco de sus pasos sordos. Hipnotizado por la pasión, al encontrar aquel hombre, con un grito le hundió el cuchillo entre las costillas. Miro sus manos, sus vírgenes manos cubiertas de sangre, y sin entender por que, se sintió victorioso camino a casa.

4 comentarios:

LAbarta dijo...

Que curiosos los nombres que escogiste para esta historia. Que curioso eso de "Las noches eran de alquimia" (me lo voy a robar). Que curioso final para una historia que apenas empieza.
Que curiosos los pequeños recuerdos que me traes y que con obstinación deseo olvidar por despecho de la realidad...
Sos grande Mati, sos grandes tus relatos, cuidate.

jorge angel dijo...

muy buen relato, me gustó de comienzo a fin.

abrazos

ezquerro dijo...

está re bueno....pero con todo respeto amigo, el tìtulo no es muy decidor ni muy enganchador, "Carlos y Silvia" no vende...jejej....por ej, a mì me gustò el tìtulo "Un cuchillo", y el relato tb, obvio, està buenìsimo....abrazos.

ezquerro dijo...

ups, me equivoquè, "Un cuchillo en la calle" quise decir.